Crónicas de Ouch won CofCof (1)

Written October 12th, 2011 by
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En el año 13095, cuando Ouch won CofCof llegó a Tarquenia de camino a nuestra Galaxia, se topó por casualidad con una estrella habitada que desconocíamos hasta ese momento (04:00:12:32:15 fecha/hora universal de la Vía Láctea)

Afortunadamente llevaba en el vehículo las personas adecuadas para este tipo de proezas algo que permitió, en poco tiempo y de manera pacífica, civilizar a los habitantes de ese nuevo mundo quienes carecían de viviendas, transporte, sistemas adecuados para alimentación y comunicación.

Entrevistados años más tarde para escribir su historia, los tarquenianos comentaban con felicidad que el paso de Ouch won CofCof había sido de suma importancia para su civilización, principalmente porque el sólo teletransportarse y telecomunicarse, durante tantos milenios, le había quitado el sabor del poco a poco a los jóvenes de entonces… Entre otras cosas por el estilo, agregaron.

(Crónicas de Ouch won CofCof, escritas en Gliese581)

Necesidad de nuevas palabras

Written August 18th, 2011 by
Categories: Relatitos
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La desesperación, saga:

a – Mi imaginación necesita palabras, y se las doy, como recostada en medio de mi cerebro, y escribiendo en semicírculo doloroso dentro del cráneo.

b – Hallé una dolencia: necesito más palabras. Que alguien me las preste o saldré a robarlas.

c – Despegaré palabras de los carteles, de las calles, de las mortajas; aprovecharé los trabalenguas para hacer trampa.

d – Huiré sin prisa por las noches hacia la calma y abriré allí las puertas del alma.

 

Villa Carlos Paz, Córdoba

30.09.1996

Amigo

Written July 31st, 2011 by
Categories: Relatitos
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Ayer, en la noche, recordé este antiguo texto

 

Amigo, cruel mendigo de avaricia de caricias que perfilo pues te siento entrepierna al lado mío.

Amigo, persona que desconozco porque conozco cada noche en mi desdicha y en mi desidia.

Amigo, fiel al que claudico la mirada de mis senos y mis labios por hallarle tan cercano.

Amigo, mudo martirio que prefiero escondernos cada roce de tus gestos a mi fuego.

Amigo, delirio encadenado que me rapta cada noche y cada día con su aliento tan presente.

Amigo, pretexto de capricho que adelanta mil mortajas en la muerte shakespeariana que me mora cada a solas.

Amigo, excusa de peligro con que vengo a despojarme de los miedos que sentimos cuando el pulso marca sangre más allá de algún latido que tememos audible a la memoria de los cuerpos.

Amigo, caballero protegido por el llanto de mi pecho aparentemente inmóvil.

Amigo, secreto protegido en mi recato diagnosticado por ahora.

Amigo, manto perfume en que deliro cuando un pretexto desbarata desmesuras en mis fuertes.

Amigo, barco ancla en que el prestigio deposita mascaradas para que no veas que me excito.

Amigo, mediador de la noche vagabunda en que se pierden las migajas del espanto y del encono ni rastros quedan.

Amigo, pirata trino de los pájaros todos del inmenso bosque que no abarco pues le temo a mi martirio. Amigo, caballo desbocado en que mi corazón de carne cabalga cada noche.

Amigo, sorprendente relato carcajada que me deja boquiabierta seduciéndote a propósito.

Amigo, seducción implacable e impecable de cielos meditabundos.

Amigo, persecución imaginable de febriles duermevuelas cada noche y cada tarde.

Amigo, semanal fin de semana en que reniego del horario jubilosa.

Amigo, testigo mudo y bondadoso en mi peligro.

Amigo, cascabel y rompevientos de mi plagio más inmóvil.

Amigo, mente prodigiosa que me cubre de paciencia los caprichos.

Amigo, ansia voraz de la pasión noctámbula que me acoge.

Amigo… ¿Amigo?

Buenos Aires, Villa Urquiza, 1999