Historia de duendes

Written March 25th, 2007 by
Categories: Historia de Duendes, Libros
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Una tarde de una vez, caminaba por el bosque y a un duende me encontré. Cuando vio mi sorpresa dijo:
- Pide un deseo y te será concedido
Sólo uno, pensé. Mas… al pensarlo mejor me imaginé lo lindo que sería ser un duende y estar en el bosque concediendo deseos.
- Quiero ser un duende y estar en el bosque concediendo deseos.
- ¡Sea! Ya eres un duende concededor en este bosque
La vida de duende concededor era divertida al principio, los animalitos venían a mí, yo les concedía lo que deseaban sintiéndome útil y feliz. Regalé alas a un castorcito que quería volar donde había árboles más bellos para su represa, a tres conejitos que estaban cansados de los colores blanco, negro y gris les concedí amarillo, rojo y azul; también vinieron mariposas que querían un día más de vida y unas lombrices que deseaban alas para volar cual mariposas.
Era divertido en un principio, pero un día apareció un hada, tooooooooda blanca que me dijo:
-¿Sabes que el castorcito voló tan lejos que no pudo encontrar la ruta de regreso a su casa?, ¿que los conejitos fueron desconocidos por sus semejantes?, ¿que las mariposas se aburrieron de las flores y que las lombrices se sintieron inútiles por no poder cavar túneles con las alas?
Bajando la cabeza protesté:
- Pero ¿no era eso lo que querían?, ¿por qué iban a pedir un deseo que no necesitaban?
Ella me dijo con ternura:
- A veces los deseos son de la cabeza y no del corazón y un duende concededor debe saberlo.
- Lo siento, yo…, dije muy triste
- No aflijas y aprende la lección. Verás, el castor aprendió a valorar los árboles de este bosque y el amor de su clan, los conejos aprendieron a querer su color y a ver más allá de los colores, las mariposas entendieron que sus vidas tienen sabor y las lombrices saben hoy que la tierra las necesita; como ves de todo error algo bueno se aprende.
Me quedé pensando si los animalitos seguirían con el hechizo y, si era así si querrían seguir así, el hada justito ahí dijo:
- Sólo un duende concededor puede deshacer el hechizo con lágrimas del corazón
- ¿Quieres decir que el hechizo se rompió?
- ¿Aprendiste la lección?
- Yo estaba pensando en qué eran las lágrimas del corazón para saber si el hechizo estaba roto o no.
- Sabrás si el hechizo se rompió porque tu corazón sentirá el alivio de los animalitos, estará livianito y con cosquillas que te harán sonreír.
De verdad les digo que cuando ella me contó que de los errores algo bueno salió sentí un alivio enoooooooooorme y ganas de reír; pero me pareció que lo que había hecho a los animalitos era tan pero taaaaaaaan graaaaave que no me animé.
- Bien!!!, aprendiste a distinguir los deseos de la cabeza a los del corazón, aplaudió el hada.
La miré con esa cara que ponemos cuando nos hablan de algo que no entendemos, ella se rió y comentó:
- Tu corazón quería reír, pero tu cabeza no lo dejó.
- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!, ahora sí entiendo.
- Pero… no siempre voy a estar con vos para que los distingas…
Me sentí MUY triiiiiiiste.
-… Aunque… podés llevarme en tu corazón.
Yo me sentí RARO porque pensé que muchas veces me iba a confundir y no siempre recordaría que ella estaba en mi corazón
- Si confías en tu corazón sabrás que estoy ahí y nunca estarás solo, dijo
Me reí de alivio mientras ella gritaba BRAVO aplaudiendo y bailando.
- Veo que actúas desde el corazón. Ya no necesitarás que te recuerde que no estás solo!!!!
Me puse serio de golpe. Pensé que no podía con todo, acordarme de que no estaba nunca solo…
- Si crees MUCHO PERO MUCHO en tu corazón lo harás tan pero TAN graaaaande que entrarán todas las palabras que digo. Dijo el hada
Fáaaa, pensé qué fácill!!!!. Sólo tenía que creer MUUUUUCHO en mi corazón sólo eso, qué alivio!
-¡Qué rápido aprendés. Así que no te importará si un día viene alguien y te dice que está mal reír cuando te arrepientes solito de un error…
Ahí justito ahí me enojé. Y más cuando ella se rió a carcajadas.
-¿De qué te reís, pregunté enojadisimísimo.
-¿Aprendiste la lección?- me preguntó con tanto amor que hasta dejé de estar enojado -. Hace un tiempo yo también quería ser un duende concededor, y cuando cometí el mismo error que vos vino un hada como yo a enseñarme la lección. Cuando me sentí ofendida por su Amor ella se rió y ahora he aprendido la lección.

¿De qué sirve ser un hada o un duende concededor si uno aún no aprendió a distinguir los deseos de la cabeza de los deseos del corazón?

1º edición de la Autora 2005; ediciones Sol Sostenido
2º edición de la Autora 2007

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